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Espectacular la idea del Banco de España al querer ahora averiguar si las familias españolas , tienen conocimientos de finanzas cuando según las declaraciones del Gobierno la economía sube como la espuma gracias al saber hacer de su formación política.

 

Sin duda estas privilegiadas mentes estarán confundidas ante la evidencia de que los ciudadanos han hecho “encajes de bolillos” con las escasas prestaciones recibidas por la Administración; el escepticismo ante como han podido sobrevivir a la agonía de la crisis demuestra a todas luces que los conocimientos financieros de algunas madres de familia o el trabajo indigno al que han estado sometidos con muchas horas por delante y una precariedad salarial ignominiosa les resulta desconcertante.

 

Se nota que la permisividad entre los agentes sociales ha dado sus frutos en la cúspide de la economía por la que se mueven las palabras que suenan a demagogia del siempre exaltado y con un humor ininteligible ministro de Hacienda, o la opulencia en su discurso del máximo representante de Economía que sin embargo, nada tienen que ver con la realidad de la calle, ni con los sueldos o modelos de contratación de los trabajadores de a pie.

 

Y es que estos, poco tienen que ver con los empleados designados para la construcción de aquél fastuoso espacio en el que la Justicia sería la protagonista, junto al liderazgo en su ejecución de la Presidenta del PP en Madrid que por el contrario, siempre se baja a tiempo del carro de los imputados en cualquier desastrosa acción de lo que hasta el momento de ser investigados eran unos compañeros intachables, profesionales y de una gran valía para el cargo.

 

Sí, esos trabajadores contratados como jefes, es decir, que un jefe no mandaba en el otro y por tanto, lo único que mandaba en esa confusión era pasar el rato por simpleza política y si además se podían devengar por el cansancio al no hacer nada unos pocos fajos de euros pues, bienvenidos, a la postre era un trabajo que lo de “sin ánimo de lucro” era puro ilusionismo.

 

Puede ser que la economía en España comience a restarle a la crisis tiempo, es algo de lo que deberíamos d sentirnos esperanzados si trajera por añadidura un aumento del empleo favorable con salarios acorde con el índice de precios en los mercados donde las familias compran sus alimentos básicos pero no es así y por ello la ilusión es un mero artificio carente de credibilidad.

 

Lo que realmente siguen sufriendo los hogares es la austeridad prolongada a la que no se le ve final de momento pese a las expectativas generadas por el Gobierno del Sr. Rajoy más encauzadas en comenzar un discurso electoralista que en basar su programa en todo aquello que prometió en su día y que paso después a engrosar las telarañas del cajón de sugerencias de la oposición o las enmiendas desechadas con motivo de su mayoría en el Parlamento a los Presupuestos Generales y que quiere dejar bien resueltos antes de llegar a las urnas. Leyes, recortes, desempleo por las nubes y penurias en las familias desahuciadas han venido a complementarse con una Ley de Dependencia olvidada y un rebrote de desigualdad que creíamos haber dejado atrás hace décadas.

 

Esa es la herencia que el Gobierno del PP dejara a quien venga detrás, junto a los Presupuestos desafortunados con la gente más humilde y una Ley de Educación a la medida de su mentor ya paseante de otros lugares con el prestigioso cargo que su Presidente le regaló por los servicios prestados.

 

Que sería de nosotros sin el turismo del que los ciudadanos somos parte importante por la empatía demostrada a pesar del escozor reinante en la sociedad española ante la crudeza denodada de un Gobierno empeñado en ser más que nadie a costa del desinterés con los ciudadanos; gracias al clima, las fabulosas playas, el trato al turista o la gran variedad de nuestra gastronomía, muchos desempleados han logrado obtener unos ingresos más que necesarios aunque para ello el horario haya sido abusivo y nada acorde con el salario percibido.

 

Unos contratos cuya semejanza con los de final de obra la obtendremos calculando que el edificio figurado de la temporalidad estival termina con miles de puestos de trabajo cuando al final de la misma sea demolido con la llegada del frío; “pan para hoy y hambre para mañana” viene a ser la cuestión.

Miércoles, 26 Agosto 2015 18:31

Desmadre a la catalana

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 Con cierta frecuencia, a alguien se le va la cabeza. Su vida, hasta entonces razonablemente ordenada, se torna en una serie de conductas ilógicas, inexplicables (fuera del propio desvarío que les dio origen) y casi siempre autodestructivas. En los casos benignos, la situación retorna pronto a la normalidad, sin consecuencias irreversibles. En otros, sin embargo, los efectos del arrebato no tienen vuelta atrás y los estragos resultantes pasan a formar parte permanente del paisaje.

 

Lo mismo puede pasar a colectividades enteras. Con la diferencia de que, en tal caso, por la diferencia de escala, los destrozos son enormemente superiores y más difícilmente remediables. Sin necesidad de evocar casos no lejanos de la historia europea, tenemos, aquí y ahora, un ejemplo superlativo de todo ello en la esquina noreste de la península, de nombre Cataluña. La mera descripción de lo que allí pasa hubiera parecido, hace escaso tiempo, una absurda fabulación: el gobierno regional convoca unas elecciones autonómicas, pero no se presenta a ellas. Según sus proclamas, son un plebiscito sobre la integridad territorial del Estado a la que el presidente regional comparece embutido en un camarote de los hermanos Marx donde conviven marxistas, demócrata cristianos, conservadores, antisistema, socialdemócratas, abajofirmantes y vaya a saberse qué más, sin (lógicamente) programa conocido. Los partícipes no se ponen de acuerdo ni siquiera en quién sería proclamado Presidente si se alcanza la mayoría necesaria para declarar que Cataluña es independiente para siempre jamás y que la Constitución y el resto de las leyes ya no rigen en su territorio. ¿Y cuál es esa mayoría? No lo saben. Y todo ello porque a los promotores se les ha metido en la cabeza que la única causa de que Cataluña no sea la meca de la riqueza y el bienestar es que resulta robada por el resto de España. O sea, que, libre de tal carga, de aquí al infinito.

 

Sucede que esta gente no puede ignorar que su periplo, aun de ser posible, termina fuera de la Unión Europea y del euro. Y que para acceder a tan selecto club se requiere la unanimidad de sus miembros. O sea, que a olvidarse de ello, al menos, durante esta generación. Lo que se ha puesto sobre la mesa es, pues, un suicidio colectivo, lo que no parece, sin embargo, arredrar en nada a sus instigadores. Difícil perder más el norte.

 

En suma, Artur Mas sostiene que la solución a los males de Cataluña pasa por imprimir billetes con su cara en una Arcadia independiente. Así que es probable que le haya dado el consabido delirio de creerse Napoleón. No olviden, sin embargo, quién fue el general corso: sencillamente, el primer chiflado de la Historia en creerse Napoleón. Y así terminó. Ténganlo presente el Sr. Mas y sus extrañas compañías 

 Hay un mundo pasivo, que no acierta a defenderse con la razón y ensaya todo tipo de armas como autodefensa, o quizás como venganza o hasta divertimento, mientras también hay un mundo sin corazón dispuesto a destruirse, sin importarle nada. Tanto es así, que desde que en 1945 se llevaron a cabo los primeros ensayos nucleares, no cesaron de realizarse pruebas de todo tipo, sin prestar mucha atención a sus efectos devastadores sobre la vida humana.

 

Considero, por tanto, que sería muy bueno al cumplirse los setenta años desde el comienzo de esta nefasta era nuclear, y haciendo coincidir este aniversario con la onomástica (29 de agosto: Día Internacional contra los Ensayos Nucleares), se reconsiderase el Tratado de Prohibición Completa, para que pudiese entrar en vigor un instrumento fundamental, después de casi dos decenios de que se negociara, por ser jurídicamente vinculante y verificable para limitar el desarrollo cuantitativo y cualitativo de este tipo de tormentos tan destructivos como destructores.

 

Tan solo desde la confraternización se puede generar otro clima más esperanzador y menos frustrante, por lo que conviene recordar que "uno somos para todos", y también "todos somos para uno", y, por eso mismo, educar y reeducarse en no considerar al prójimo un enemigo o un adversario al que destruir, si no alguien próximo, ha de ser nuestra permanente lección de convivencia.

 

No olvidemos que cuánto más se arman los países, más se acrecientan los peligros de guerra, que de algún modo hallan su aliento precisamente en este tipo de artefactos; sin embargo, cuanto más disminuyen los arsenales bélicos, menos se atiza la tentación de valerse de ellos. A propósito, reconozco que me impresionó hace días que un grupo de jóvenes, denominados "poetas por la paz", reivindicase a través del verso el desarme del mundo y concentrasen toda su energía en el reencuentro del ser humano consigo mismo, libre de ataduras, poniendo el acento en los principios éticos y en la estética del camino a trazar.

 

Al final yo le propuse que se denominasen "poetas por el desarme". El mundo les necesita, y tan importante como avivar lo armónico, es apagar esta filosofía armamentística que lo que hace es generar espacios inseguros. La paz, como decía uno de los poetas intervinientes, es la confluencia de sentimientos poéticos.

 

De modo que si los esfuerzos de reducción de los armamentos y el posterior desarme total no van conducidos de manera relacionada por un enderezamiento moral, o si quieren versátil, están destinados de antemano al fracaso. De ahí la importancia de esta siembra de versos, emanados de corazones jóvenes, con deseos de embellecer el hábitat, pero también con la necesidad de gritar para que disminuyan las desigualdades clamorosas y la justicia gobierne más allá de los lenguajes. Si en verdad se quiere otro mundo más unido, inevitablemente hay que luchar por la rectitud.

 

Pero para este combate únicamente es preciso un deseo definitivo de unidad, de concordia entre unos y otros, en los que encontramos no enemigos o contrincantes, sino personas a los que socorrer y amar.

 

Por desgracia, seguimos sufriendo los efectos de las guerras. El ser humano aún no ha aprendido a renunciar a la vía de las armas, y no sabe, o no quiere por su particular egoísmo, recurrir al encuentro del otro con el diálogo, la clemencia y la mediación. Es la única manera de despojarnos de este mundo destructivo y destructor. Con frecuencia, Naciones Unidas nos llama a la conciliación, a redoblar los esfuerzos para resolver diferencias a través del razonamiento, al tiempo que se abstienen de tomar cualquier medida que no sea propiciar el buen talante pacificador. Esta es la salida, y no la de las armas que imponen terror y destrucción. Por eso, aplaudo públicamente la voz de estos poetas jóvenes entusiasmados por embellecernos de pensamientos lúcidos, pues si los acuerdos internacionales son altamente deseables y necesarios, también se precisa una humanidad que no muestre indiferencia, y reconozca en el otro un ser del que ocuparse y preocuparse, con el que colaborar para construir un mundo más habitable para todos. Desde luego, ante una ideología de odio y exclusión capaz de derrumbarlo todo, como ha sido recientemente la destrucción del Monasterio Mar Elián, ubicado en la ciudad siria de Al Quariatain, en Homs, por el grupo terrorista ISIS, lugar de peregrinación de la comunidad cristiana siria, no sirve solamente la condena, hemos de ver la manera de que estos hechos no vuelvan a repetirse, puesto que una sociedad que se apoya en la violencia, aparte de deshumanizarse, se embrutece y aprovecha cualquier ocasión para la venganza. Naturalmente, es imposible organizar una humanidad sobre el miedo, el rencor y la crueldad, no perduraría; pero, también, hemos de pensar en el poder de destrucción que tienen algunas armas nucleares y sus ensayos. En este sentido, la educación como trampolín para obtener lo mejor de uno mismo, estoy convencido de que puede desempeñar un papel clave en el impulso del entendimiento mutuo, con la fraternización de los corazones, la promoción de la paz y el fomento del desarme. En cualquier caso, pienso que ha llegado el momento de que el ser humano se aleje de este afán destructivo y destructor, y se empeñe más en descubrir verdades, ya que si la guerra es el arte de destruir vidas humanas, muchas veces la política se ha convertido en el arte de engañarnos. Y esto, yo diría que es grave, gravísimo, puesto que si todos anhelamos la paz, pongamos más alma que armas, más versos que bombas, más veladores de artilugios que actuantes de envidia, sabiendo que la quietud lograda a base de sobresalto y pavor, no es más que una tregua. En ocasiones reflexiono, y me digo, cuánta necesidad tenemos de amor para contener esta irracional carrera destructiva. Esta industria del caos, que todo lo destruye a su paso, lejos de entrar en quiebra, parece como que ha tomado un nuevo auge. ¡Qué ruina más repelente y absurda!. Es la cultura de la necedad, de adueñarse de lo que es de todos y de nadie, lo que nos impide retornar a ese camino de recreación con la construcción de la familia humana. Por tanto, hemos de repudiar esta lucha que lo devasta todo, y hemos de reconsiderar al rival como uno de los nuestros, pues todos tenemos el derecho a pensar diferente, reconociendo que esta manera de actuar no es ningún avance, más bien es un retroceso de desorden, y por ende, de espiritual insatisfacción y desesperación. "En el derecho público, -decía el escritor y político francés Montesquieu (1689-1755)-, el acto de justicia más severo es la guerra, porque puede tener por efecto la destrucción de la sociedad". Y, evidentemente, una colectividad destruida, o dividida, es incapaz de reponerse del desastre cuando se ha vuelto dependiente del endiosamiento de la ciencia y la tecnología, y máxime cuando ya no respeta al ser humano como tal, sino al ser humano con poder. Esto pasa cuando la mentira está instalada en un pedestal y nuestra vida moral en un sillón podrido. En consecuencia, no sólo debemos analizar nuestro propio estilo de vida, si es acorde con la conservación del medio ambiente, también hemos de repasar sí nuestro itinerario interior da sentido al valor del camino y al ser del caminante, que ha de construir y no destruir, o como diría Machado, "hacer camino al andar".

Domingo, 23 Agosto 2015 23:57

Entre primos anda el juego

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 El primo Alexis le ha jugado una mala pasada al primo Pablo justo en el momento más inoportuno, al comienzo de la campaña de las elecciones generales en España. Defender algo y lo contario como pretende Tsipras, es tan sumamente complejo como lograr la cuadratura del círculo. Iglesias, aunque con ciertos tropiezos en los últimos meses como están reflejando los sondeos de opinión, ha continuado y mantenido vivo su partido, aunque tras el golpe infligido por el líder de Syriza lo tiene bastante complicado.

 

Con posterioridad al revés griego y posibles consecuencias, Podemos se encuentra instalado en la nebulosa de la incertidumbre y desprovisto de un proyecto político a defender, como para Tsipras lo era el salir airoso en las negociaciones con la troika, a pesar del numerito del referéndum, que le impedía cumplir unas promesas electorales utópicas y provocando la actual fractura de su propio partidor obligándole a la convocatoria de unas nuevas elecciones anticipadas, pero defendiendo todo lo contrario. Muy poco aprenderemos o menos podrán enseñarnos los helenos a la hora de cometer idioteces.

 

Disponemos en España de nuestros propios artífices lo suficientemente adiestrados y expertos en cometer despropósitos. Obviamente, Podemos, está intentando por todos los medios desvincularse del efecto contagio y Pablo le devolverá a Alexis todas las cartas, fotos y abrazos. Solo existe un inconveniente y es que los españoles, con independencia de que los políticos tratan de evitarlo también reflexionan, todo lo cual y como era de esperar está aprovechando la oposición, y muy duramente, para demostrarle a los votantes que tales “maneras” solo conducen al más rotundo de los desastres.

 

El líder podemita tiene el panorama bastante crudo. Se pasó siete pueblos en elogios y alabanzas a su colega griego y ahora, tantos cariños le están pasando factura en el peor de los momentos, intentando defenderse con unas justificaciones que mueven a la hilaridad con la colaboración de su compañero Iñigo Errejón, siendo contrariados por el sector izquierdista del partido, hasta afirmar como hizo Teresa Rodríguez, dirigente del partido en Andalucía “Me aterroriza el temblor de piernas de Tsipras tras haber conseguido un no claro de la ciudadanía para ser desobedientes con la Troika”.

 

Son multitud los simpatizantes y varios de su propia formación, los que apuntan que el próximo candidato al fracaso será Pablo Iglesias y Podemos, a no ser que las circunstancias experimenten un cambio inesperado que todo lo modifiquen. De momento el partido de los círculos continua perdiendo fuerza, votos y por ende diputados, camino de verse obligados a pactar con el PSOE y ejercer de “acompañantes señoritos” con sus 40 diputados que les adjudican algunos malpensados.

 

Al margen de visionarios y profetas, a tres meses de los comicios generales, el desencanto generado por los populismos de Podemos, no coincide para nada con las esperanzas depositadas en el mencionado partido en sus inicios, siendo infinidad de ciudadanos los que

 

vieron en Iglesias el candidato perfecto para liberar a España del bipartidismo con todos sus vicios y especialmente el de la galopante corrupción. Las recetas de corte populista en todos los casos han sido una tentación inevitable para todos los gobiernos, cuyos resultados siempre han sido nefastos….¡¡Tiempo al Tiempo!!

 A la vista de los últimos acontecimientos y más concretamente tras el trágico asesinado de las dos jóvenes de Cuenca, todo parece indicar que el caluroso verano exacerba el instinto de violencia y agresividad carpetovetónico.

 

Rara es la semana en que no se produce un crimen de alguna, ex mujer, ex novia, ex compañera, ex amiga, por diversos procedimientos a tenor del grado de enajenación mental del iluminado de turno. Mientras unos, más cobardes, se decantan por pegarle un tiro o arrojarla desde un sexto piso a su víctima, otros más perversos, recurren al degüello, estrangulación, apuñalamiento o incluso le montan una pira funeraria en su propio domicilio.

 

Tal jauría humana está formada por dementes sociales que en gran mayoría pertenecen al colectivo de enfermos de celos, cuyos continuos ataques de cuernos van alimentando su larvada venganza. Primos hermanos de esa otra colección de rencorosos que no han interpretado y menos asumido lo que supone optar por un respetuoso y civilizado divorcio, dado que cuando la relación se ha roto, el mantenerla ficticiamente solo representa sufrimiento por ambas partes.

 

Existe otro grupo mucho más numeroso compuesto por aquellos que se conforman administrando a su cónyuge, la correspondiente sarta de hostias, procurando no dejar señales visibles para evitar explicaciones y justificaciones a terceros, aderezado todo ello con los correspondientes gritos e insultos. Por último, aunque la fauna es mucho más amplia, aparece la comunidad de los que se limitan a amagar y no dar nunca.

 

Se trata de individuos que por su condición de amargados permanentes ensucian todo lo que tocan, desconocedores del concepto de felicidad, pesimistas y dedicados a criticar y descalificar, son los que gozan haciendo daño y abusando de la educación y terror de su pareja, cuyos hijos solo respiran cuando el maltratador abandona el hogar.

 

Seres incapaces de aceptar una separación porque en caso de hacerlo saben no volverán a dormir caliente en su puta vida. Para desgracia nuestra la sociedad está llena de misántropos por naturaleza. Insociables que admiten mal el alcohol y que con cuatro cervezas elevan el tono de voz y exageran los gestos para mendigar un protagonismo que jamás les será reconocido.

 

Pertenecen a ese ejército de personas dedicadas a convertir la convivencia en sufrimiento de los demás, provocando en sus parejas el que en ocasiones solo deseen la muerte como única forma de liberación de esa cárcel sin rejas en la que cohabitan con un energúmeno al que soportan noche tras noche en el mismo lecho, quien para mayor desgracia y con exigencia, demanda el débito conyugal. ¿Habrá mayor maldición? El gran fallo de este tipo de relaciones que padecen millones de matrimonios, con apariencia de una convivencia normal, es que no lo recogen las leyes y la condena es de por vida.

 

Tener que aguantar a personas que solo gozan repartiendo maldad, muy propio de fracasados sociales y/o económicos, carcomidos por la envidia e instalados en la frustración, resultan insufribles. Son detritus que el propio sistema crea y destruye a la vez. Pasan por la vida sin oficio ni beneficio con la única misión de perjudicar a sus semejantes. Vivimos en un estado de crispación alarmante, cuyo refinamiento está derivando en una perversidad sin límites.

 

En efecto hemos avanzado y mucho en múltiples aspectos y comodidades, pero en otros, seguimos igual o peor tal como sucede en aquellas situaciones en las cuales el marido, compañero, novio, querido o chulo, aplicando y administrando el concepto de relación a su antojo, maltrata hasta un grado inusitado con el agravante y preocupante contagio que estamos padeciendo la sociedad, sin que nuestros legisladores le pongan coto y los científicos continúen sin encontrar la vacuna adecuada. ¡¡Que desastre!!

En una vorágine de peticiones por parte de la sociedad española mediante la representación de sus diferentes líderes ideológicos o de aquellos a los que entienden mejor preparados para llevar a cabo variaciones en las leyes que rigen las normas civilizadas d un país como el nuestro, se confunden en ocasiones con un goteo constante de observaciones de las que no sacamos buena nota de estar preparados para cambios importantes en nuestra manera de vida en esa sociedad que pretendemos progresista, desarrollada para nuevos tiempos y con perspectivas de crear un nuevo modelo social en el que todos convivamos con la equidad presumible a la que cualquier ciudadano tiene derecho.

 

Tras años de intento por parte de algunos ciudadanos ahora se ha puesto de moda la petición de un cambio en la Constitución Española de 1978, no obstante, tal y como pretenden los principales líderes de la formación política que sustenta el Gobierno del Estado, no se es demasiado viejo para trabajar una vez pasados los sesenta y cinco, pero por el contrario, la Constitución está bien como se diseñó por el mero hecho de ser conveniente a sus intenciones de gobernanza. Las cosas de la política se convierten en algo tan desagradablemente irrespirable que es conveniente taparse la boca para no soltar palabras soeces.

 

Y es que nuestra democracia se está viniendo abajo con el paso de los años, desmereciendo los derechos de los ciudadanos que a pesar de la crisis económica que ha azotado y sigue haciéndolo nuestro país, quieren tener una mínima oportunidad de progresar en el avance de sus demandas. Ya se ha pasado de moda el artículo aquél de la Constitución que nos decía lo del trabajo, la vivienda y la educación de los niños como estandarte de los derechos a los que habíamos tenido acceso una vez terminada la dictadura.

 

Ese artículo ha cambiado de rumbo hacía un destino que no es otro que los derechos del capital por encima del de los ciudadanos de a pie; el trabajo se ha convertido en prestación periódica con carácter no retroactivo, la vivienda se la ha llevado el banco por falta de carácter de un Gobierno impúdico y los jóvenes dejan de estudiar por carecer de recursos para pagar las tasas universitarias, el transporte público o los libros cuya lacra nos la dejó un ministro enamorado que se largó a París con viento y muy fresco. Cuando un partido político llega al Gobierno parece irremediable convertir las leyes en papel mojado y redactar otras a gusto propio; eso ha pasado con la Ley de Educación, los actuales representantes del Gobierno han construido una Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) que sin embargo, nada atractivo ha traído a lo que ya teníamos.

 

Las partidas presupuestarias para la obtención de ayudas con las que acceder a los libros de texto significan un efluvio de satisfacción del predecesor en la cartera de Educación; como si hubiera conseguido la panacea con la que satisfacer las demandas de los progenitores y la necesidad de los alumnos universitarios en recuperar de nuevo un programa como Erasmus desaparecido entre las milongas del Sr. Rajoy y sus compadres.

 

Han pasado ya cuatro años, casi un lustro o cerca de la mitad de una década para seguir peor que cuando comenzamos a creer en un señor que nos lo prometía feliz y resulto ser austero, amigo de recovecos y que busca constantemente mejorar en plasma su imagen de sabio de la macroeconomía, erudito de los mercados y poco aficionado a comprender la verdadera situación del país que gobierna.

 

La ambigüedad en sus discursos pasa por desidiosa al hablar siempre de lo mismo sin que el ciudadano lo entienda como un bien a su servicio es decir, una postura analógicamente distante de la verdadera inquietud que la sociedad le pide a voces. No obstante está situación no parece inquietar en demasía al Presidente, dado a no mostrar interés por explicar lo que se cuece en los Consejos de Ministros de los viernes y derrochando su total complacencia para con sus ministros a pesar de la imagen dada por estos.

 

Sería comprensible si el PP estuviera demostrando un compromiso con los ciudadanos a los que les sirviera su poco atractivo público si con ello no variará el Estado de Bienestar como ha hecho en su legislatura; ni parecería demasiado insultante las palabras de la Secretaria General del Partido Popular, Dolores de Cospedal por ejemplo, que se fía del Tribunal de Cuentas y a pesar de las malas artes demostradas con el enchufismo descarado del que han dado ejemplo; ni que el Sr. Wert se largara dando la espalda a su ley y menos aún, que su máximo dirigente de Interior se reúna con quién le dé la gana dónde le dé la gana y cuando le dé la gana sin nada que objetar por su parte.

 

En fin, que Noviembre está a la vuelta de la esquina y aunque en el mes de Septiembre tienen una buena montada con la postura del máximo mandatario en Cataluña, seguro que los resultados les darán la vuelta y si no ponemos remedio tendremos Rajoy hasta en el pequeño bol de sopa del que disponen para comer en la mesa de más de un hogar desamparado aunque, no se preocupen demasiado, España por la zona Ibex va que se las pela y eso lo dicen las estadísticas, el Sr. Rajoy y claro como no podía ser menos, también lo dice Moody´s que de lo que pasa en nuestro país sabe mucho o le pagan acorde con sus profecías.

  Cada día estoy más convencido que el ser humano ha de armarse menos y amarse más; y, en consecuencia, debe ir pensando en establecer un final para toda contienda, antes de que un clima de absurdas rivalidades tomen como reo al propio ciudadano como tal, estableciendo un fin para toda la especie humana. No podemos seguir deshumanizándonos. Hemos de tomar la conciliación como verbo y, entonces, comprenderemos que nada de lo que ocurra a un individuo, por insignificante que nos parezca, puede resultarnos ajeno a nosotros.

 

Realmente, ha llegado el momento de generar un sentimiento mundial de cercanía, activado con la fuerza revolucionaria de aglutinar todas las culturas, para poder identificar y obligar a rendir cuentas a tantos responsables del uso de tantos artefactos que, no solo destruyen la ilusión, sino que matan, como los relativos a la utilización de sustancias químicas tóxicas, que a pesar de estar prohibidas, continúan siendo utilizadas.

 

Un mundo cruel vierte sus venenos sobre inocentes y, vemos de un lado, las ingentes riquezas dominar a su antojo las economías, y del otro, la innumerable multitud sufriente, que debería renovar el compromiso con los valores humanos. Ojalá hubiese muchos trabajadores humanitarios, dispuestos siempre a socorrer a las personas necesitadas. A mi juicio, la supervivencia del linaje va a depender mucho de estos heroicos obreros de la donación y de la entrega generosa, siempre dispuestos a dejarse la vida por una causa común, como es la justicia, la dignidad y el desarrollo.

 

Este es el espíritu humanitario que precisa hoy el planeta como jamás. Evidentemente, renunciar a nuestra identidad es un improcedente acto de resignación, igual que desistir de nuestra libertad, de nuestra calidad de ciudadanos del mundo, y, por ende, de todos los deberes de la ciudadanía. Los países tampoco se pueden utilizar como campos de batallas, sino como lugares donde es posible el diálogo y los acuerdos. Quizás deberíamos ser menos sectarios, más incluyentes y más democráticos; puesto que un pueblo digno de tal armonía, hace sentir al ciudadano la conciencia y la validez de su voz, de sus obligaciones y de sus derechos, de su libertad unida al respeto de la autonomía y de la dignidad de los demás. Me gustaría subrayar, pues, que ciertamente ante las más altas cotas de miseria, que hoy respira el mundo, se precisan obreros que nos hermanen con urgencia, declarando si es preciso: la guerra a las guerras.

 

Es cierto, de pronto, parece que el espíritu de la invasión se ha apoderado de toda la humanidad. Todos los días hallamos combates en los medios de comunicación. La hostilidad se ha adueñado de nuestro lenguaje, en parte porque nos hemos distanciado unos de otros, y aunque el odio no se compra en los mercados, sí que hay un escandaloso comercio guerrero que debiéramos cortarlo de raíz. Realmente, esto se produce cuando la persona, cúspide de la creación, pierde de vista el horizonte de belleza y de desprendimiento, y se encierra en su propio egoísmo.

 

Con razón, una persona egoísta sería capaz de levantar una muralla con tal de sentirse señor y gobernante. Precisamente, es el altruismo de los asistentes humanitarios, su espíritu solidario, lo que debe animarnos a reflexionar y a impulsar, como referente y referencia, la conmemoración del Día Mundial de la Asistencia Humanitaria (19 de agosto).

 

Estas gentes de bien, o si quieren de bondad y verdad, han preferido enrolarse a echar una mano a los empobrecidos de esta vida, muchas veces abandonando la comodidad de sus hogares. Sus esfuerzos por salvar vidas, en ocasiones en sitios inseguros y en lugares de gran peligro, merecen el mayor de los reconocimientos. Además, con su quehacer, están haciendo familia, construyendo un mundo más unido y reconstruyendo un espacio más fraternizado, en una tierra adueñada por un diluvio de injusticias.

 

Al fin y al cabo, nosotros mismos somos nuestros propios destructores, y así, nada puede destruirnos, excepto la humanidad misma con sus miserias. Sería saludable, por consiguiente, que nos interrogáramos y examináramos nuestra particular existencia, para ver si hacemos lo suficiente por los demás, o aún podemos implicarnos más. No olvidemos que todos somos dependientes de todos, por más que reivindiquemos nuestro espacio de independencia.

 

Está visto que cuando la ciudadanía piensa sólo de manera partidista, en sus propios intereses y en el de los suyos; cuando se deja fascinar por los ídolos del dominio y del poder; cuando se endiosa y se coloca en el centro; entonces altera todas las convivencias, demuele las relaciones, y abre la puerta de la exclusión y violencia con un espíritu de enfrentamiento imborrable. Hace tiempo que el ser humano navega en conflicto consigo mismo y esto no es bueno, sin valores y con la mentira permanente como abecedario, lo que viene generando una deriva del ser humano y un caos de difícil arreglo. Por momentos uno llega a preguntarse, ¿si realmente podremos salir de esta espiral de lenguajes de muerte?. ¿Podremos aprender a caminar por sendas más sosegadas y armónicas? Yo pienso que sí, es cuestión de querer, y tal vez de practicar con más coherencia y constancia los deberes de la justicia.

 

Quizás tengamos que hacer nuestra, la voz de los excluidos, de los marginados por esta misma sociedad excluyente, e implantar la concordia como concepto de gobierno en todos los gobiernos del mundo mundial. Tantas veces tenemos que reconstruir nuestras propia vidas, que se lo digan a los supervivientes de la bomba atómica de Hiroshima, una de las ciudades del mundo que ha tenido la mala fortuna de ser lección para la especie humana, una obra de destrucción del ser humano contra sí. Pienso, por tanto, que únicamente desde la fraternización podremos injertar el nuevo fruto de la armonía, una nueva conciencia mundial contra las garras de las guerras, con la apuesta decidida de que la humanidad, como reino de pensamiento y amor, está obligada a resolver las diferencias y los conflictos por medios pacíficos y de diálogo.

 

Tal vez, en la Comunidad Internacional debería fraguarse un sistema moderno de convivencia que regulase las relaciones entre naciones y culturas, basadas en el respeto más escrupuloso, acordes con los principios éticos de la equidad y la justicia. Yo pediría, también, que escucháramos mucho más a estos obreros que cargan sobre sus espaldas el trabajo humanitario, en nombre de la vida, en nombre de la humanidad, en nombre de la esperanza de un ser nuevo, más de todos que de sí. Comprometámonos, de una vez por todas, con la alianza mediante la rectitud. Trabajemos incansablemente por reemplazar la violencia y el rencor por la familiaridad y la estima. Asumamos la responsabilidad de unos para con otros y del porvenir de todos sin limitaciones de fronteras, frentes o distinciones sociales.

 

Eduquémonos y reeduquémonos en menos sistemas competitivos y en más sistemas de auxilio y generosidad. Seamos conscientes de que amar y compartir es la mayor felicidad que nos podemos injertar en el alma. Demos por cerrada en el mundo la fábrica de armas. Se puede conseguir. Conjuntamente estamos llamados a ser poesía; y ésta, sabed, que no entiende nada más que de corazón, pero seguro que mañana lo entenderá también tu mente.

 Con excepción de la cúpula y poco más, la mayoría de los dirigentes de Podemos son producto de la improvisación, carentes de preparación, conocimientos y sin experiencia política alguna, muchos de los cuales muestran dificultades de expresión y comunicación, tal como ocurre cuando son entrevistados por los medios o se ven en la obligación de hacer alguna declaración.

 

Nada mejor para comprobar dicha afirmación que la asistencia a alguna de sus asambleas (Círculos) y observar como se dirigen al auditorio. A muchos militantes de esta formación de izquierda solo les vinculan las necesidades comunes más elementales, privaciones y en muchos casos la miseria sufrida durante años y como secuela, un lógico resentimiento hacia las restantes clases sociales más o menos acomodadas, que en ocasiones les genera el vivir con una sensación de rencor permanente. A efectos electorales, el continuo descenso de Podemos como ha quedado reflejado en la ultima encuesta del CIS, no es ninguna novedad para la dirección del partido al haberlo constatado en otros sondeos de opinión anteriores.

 

Pasar del 23,9% de intención de voto en enero del 2015 al 15,7% de julio, representa una bajada de más de ocho puntos en solo seis meses, lo que significa que en caso de continuar con la misma tendencia en los cinco meses que restan para la celebración de las Elecciones Generales, podrían convertirse en un partido testimonial muy distanciado del PP y PSOE. Desde los comicios municipales y autonómicos del 24-M, la formación podemita ha cometido muchos más errores que aciertos. Su propio líder ha pasado de utilizar un tono correcto, razonador y moderado de sus antiguas intervenciones públicas, a otro desagradable y cargados de insultos y descalificaciones, del discurso inteligente y cautivador a la permanente agresión sin ofrecer una sola solución viable que se aleje de las utopías planteadas hasta el momento.

 

Otro aspecto que ha sentado francamente mal en las bases y no les falta razón, ha sido la total ausencia de democracia empleada en la creación e implantación del sistema de primarias, especialmente diseñado para favorecer al líder, sin permitir la más mínima confrontación entre los distintos candidatos, como igualmente los casos de descarado nepotismo sucedidos recientemente en los ayuntamientos de Cádiz, Madrid y Barcelona. Lo simpatizantes no pueden entender como se procedido tan cínicamente, cuando por esta misma causa se han criticado con gran dureza situaciones similares ocurridas en las llamados despectivamente partidos de la casta.

 

El pretender cumplir a promesas electorales a costa de gravar, impedir y abusar de la propiedad privada de los ciudadanos o bien favorecer a grupos afines al partido (ocupas) es una auténtica aberración. ¿Quién puede impedir que un ciudadano propietario de un piso o apartamento no puede alquilarlo durante sus vacaciones?. Nos referimos a aquellos casos en los cuales dicho propietario esté al corriente de todas sus obligaciones con la Hacienda Pública.

 

Tan repulsivos comportamientos atentan contra el más elemental sentido de la libertad. Seguir con esa línea de populismo y demagogia constituye otro despropósito más con el consiguiente menoscabo del prestigio y posibilidades de gobierno que en un principio se le adjudicaron a Podemos. Pablo Iglesias, con su cambio de actitud política, también está decepcionando al electorado más joven, justo los que le prestaron más apoyo el 24-M, siendo el colectivo entre 18-25 años los que parecen haberle retirado la confianza.

 

En total y desde enero, Podemos ha perdido un 39% de votantes del segmento joven, siendo los pactos firmados tras las elecciones la clave de la pérdida del apoyo. Se sienten decepcionados con las promesas que se les hicieron, alegando que lo único que están consiguiendo es favorecer el PSOE que están recogiendo el voto de los descontentos.

 

Que nadie se equivoque, una vez más el llamado voto útil, indefectiblemente, recaerá en aquellas formaciones definidas como conservadoras y prudentes, por no decir moderadas que pivoten en torno al “centro”, enemigas de riesgos y aventuras. Los ciudadanos por encima de todo aspiran a dos aspectos vitales: seguridad y tranquilidad, justo lo que no parece estén en condiciones de ofrecer en Podemos y si una inercia negativa que les está ocasionando una sangría continua de votos, unido a una peligrosa ausencia de democracia interna.

 

La treta de esconder sus propias siglas entre heterogéneas listas populares y sus pactos con los socialistas tampoco están ayudando. Cinco meses en política y teniendo a la vista unas generales es mucho tiempo, y lo más probable es que aparezcan nuevos sucesos que perjudiquen o beneficien indistintamente a ciertos partidos o se descubran otros casos de corrupción etc. No obstante, las expectativas generadas inicialmente por Pablo Iglesias, actuando como un verdadero político rompedor y aglutinando a gran parte de la izquierda española, contando con la gran colaboración de los medios de comunicación, no guardan la más mínima relación con el dirigente actual que está perdiendo prestigio y votos por días…¡¡Tiempo al tiempo!!

 Hemos construido un mundo de puertas cerradas, cuando han de estar siempre abiertas para acoger, en favor de los más desfavorecidos. La llave maestra es don dinero como siempre. Quizás uno de los grupos más menospreciados sean los pueblos indígenas. Según Naciones Unidas hay por lo menos cinco mil grupos aborígenes y autóctonos, compuestos de unos cuatro centenares de millones de personas, que viven en cerca de cien países de cinco continentes. Junto a estas gentes, también hay otras excluidas y totalmente marginadas de los procesos de toma de decisiones, que suelen habitar en las periferias, como si fueran productos de desecho.

 

Es aquí, en estos sectores de la población, donde la hospitalidad en familia es una auténtica virtud decisiva. También cohabita otro grupo de despreciados en cualquier esquina del mundo, no sabemos cuántos, porque a veces tienen que ocultar su identidad, abandonar su idioma y hasta sus costumbres tradicionales para poder vivir. Deberíamos sumar asimismo la cantidad de personas explotadas, sometidas a represión y tortura, cuando pretenden alzar la voz en defensa de sus derechos. Por consiguiente, ya que cada año, el nueve de agosto, se conmemora el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, convendría poner más empeño en la promoción y protección de sus ansias por vivir dignamente, que son esenciales para nuestro futuro en convivencia y, a la vez, imprescindibles para crecer como familia.

 

En ocasiones pienso en la cantidad de celebraciones que no sirven para nada, pero también las considero necesarias, cuando menos para despertarnos la conciencia. Por desgracia, las estructuras de poder, incluso en marcos constitucionales, con Estados sociales y democráticos de Derecho, han creado y siguen creando obstáculos al derecho de ciudadanía. Los negros tintes de la exclusión y la pobreza dificultan enormemente el desarrollo humano, como un ser dispuesto a hermanarse con su misma especie.

 

Quizás tengamos que pasar del compromiso a la acción. Estamos hartos de comprometernos con la palabra, sin pasar de las buenas intenciones. Esta es la cuestión. Por ende, la primera puerta que hemos de tener abierta es la del corazón, puesto que sí ésta permanece indiferente, todo será decir y no hacer nada. Desde luego, es importante escuchar la voz de todos y de cada uno de nosotros, si realmente queremos promover un crecimiento humano en el planeta.

 

Qué alegría más genuina siente el que hace del amor su compañero de viaje, puesto que éste domina todas las cosas. De ningún modo ofrecerá discursos vacíos. Aborrece todo lo que no es sentimiento. Hoy más que nunca necesitamos levantarnos unos a otros para aprender a crear fraternidad. Perseverar en los valores humanos, sin tener miedo a comprometernos de por vida, ha de ser nuestra acción continua. Objetivamente, tal vez hemos venido a aprender a convivir, sin otra defensa que el bien colectivo de la familia humana.

 

Sin duda, para ello, hemos de derribar los muros de la desconfianza y del odio, promoviendo una cultura de mediación que nos reconcilie y solidarice. Nada es tan urgente como esto último, sobre todo para conciliar las opiniones contrarias y, así, poder restablecer caminos de concordia. Efectivamente, la sintonía es más del alma, que en realidad es aquello por lo que existimos, concebimos y también maduramos. En consecuencia, no es posible formar parte de un pueblo, sentirse próximo, si hemos fracturado nuestros propios vínculos de familia, de filiación o hermandad.

 

En los últimos tiempos, mucho se habla de progreso; sin embargo, millones de ciudadanos de todo el mundo no se benefician de estos avances. Sabemos, además, que todos los años mueren casi seis millones de niños antes de su quinto cumpleaños. Esperemos no tener que avergonzarnos por no haber hecho más por los relegados, pues generando más igualdad de oportunidades para la infancia de hoy, significa menos inequidad y más mejora para el mundo el día de mañana. Al presente, la misma dignidad corre peligro cuando una estrecha amplitud de miras, desmembrada de las exigencias objetivas de la cuestión ética, lleva a decisiones que benefician a unos pocos afortunados, ignorando los sufrimientos de amplios sectores de la familia humana

 

Es el momento, entonces, de intensificar la convicción de que la humanidad tiene que ser una piña. Preocuparnos por los necesitados, que son muchos y cada día más, ha de volvernos más comprensivos. En cualquier caso, el mundo no puede permanecer sordo a la súplica de quienes piden aliento para vivir o alimentos para sobrevivir. Tanto monta, monta tanto.

 

Además, no olvidemos que podríamos haber sido cualquiera de nosotros las víctimas. La mejor ventaja es ver las cosas como son y, a partir de ese análisis, buscar remedios conjuntos para aliviar males que también son conjuntos. Claro está, si fundamental es crear un mundo que valore la riqueza de la diversidad humana, no menos importante es reavivar un mundo que se construya sobre el auténtico amor, y no sobre los intereses de algunos privilegiados. Por eso, nos entristece que el fantasma de la violencia xenófoba se acreciente por el planeta, y la llegada de refugiados active aún más el cerramiento de las puertas en algunos países.

 

Por tanto, el desafío que se plantea a toda la humanidad es, evidentemente, más que de orden económico y técnico, de orden moral y político. Es un asunto de solidaridad vivida, de desarrollo compartido y de puertas abiertas al progreso de toda la familia. Ser desfavorecido significa, casi siempre, verse más fácilmente atacado por los numerosos peligros que comprometen la supervivencia y tener una menor resistencia a la cotidianeidad que la vida nos presenta. Por eso, la acogida no es un divertimento más, es una situación de aceptación que hace que muchas personas puedan sobrevivir.

 

Me parece que todos los pueblos del mundo, deberían tener centros de hermanamiento, para que todos pudiéramos reencontrarnos en esa dimensión humana que cada cual porta consigo mismo, y que tan poco la utilizamos a veces, aunque solo fuese para recomenzar a sonreír esas vidas bañadas por la exclusión, que no conocen más que el llanto y el dolor. Personalmente, pienso, que toda la ciudadanía está obligada a hacer feliz a todos la vida, y la mejor manera de hacerlo es sirviendo a la persona. Precisamente, servir significa trabajar codo con codo con los desfavorecidos, establecer con ellos relaciones humanas de cercanía, vínculos de fraternización. Juntos podremos buscar el camino, los itinerarios para la liberación de cada cual.

 

Todos somos dependientes, de ahí la necesidad de acompañar a las personas en la búsqueda de horizontes que nos hagan más humanos. No basta con dar unas monedillas o un bocadillo, hemos de sumarnos a su lucha, poniéndonos del lado del débil. El mundo cada día necesita más pueblos que vivan el amor de modo concreto, de manera enérgica con las personas más sencillas y sobre todo con los excluidos. Fortalecer los lazos entre la ciudadanía, promover un mayor respeto y entendimiento entre naciones, estimo que son fundamentales para hacer frente a la discriminación, generadora de multitud de abandonados.

 

Quizás debemos mirar más a la persona, y cuando sepamos mirarnos, estoy convenido que surgirá el anhelo por sentirnos familia. Únicamente así, podremos sentir la necesidad de compartir la esperanza por un futuro mejor. Connatural con tal acción, descubriremos que el secreto de la felicidad radica en la liberación de uno para donarse, y en el secreto de la libertad para hacerlo, en el corazón que pongamos en ello. Permanezcan, pues, las puertas del alma siempre abiertas; que un espíritu sano es lo más hermoso que el cielo puede concedernos para soltar las lágrimas de esta pobre tierra nuestra.

 En las cuentas de la Seguridad Social hay algo que no cuadra y que el ministro afectado, ministra en este caso, con lenguaje claro y conciso debe explicar cuanto antes a los españoles.

 

Escuchamos al presidente del Gobierno, ministros y altos cargos del partido, un día si y el otro también, en todas sus intervenciones públicas, como se les llena la boca recordándonos la milagrosa recuperación de nuestra economía y la consiguiente creación de puestos de trabajo, siendo la admiración de nuestros socios europeos y citados por todos los organismos internacionales como ejemplo de eficacia por nuestras reformas. Como consecuencia del impresionante crecimiento del empleo antes citado, lógicamente, se produjo un aumento en el número de afiliados a la S. Social, cuya cifra asciende en estos momentos a 17,2 millones de trabajadores, que supone unos 570.000 más que el año anterior.

 

Hasta aquí, todo perfecto y encomiable, pero lo que arteramente se nos oculta sobre estos datos es la inquietante caída de la recaudación, a la que ningún político alude y que representa un descenso medio de 300 a 400 millones de euros mensuales con relación a los cuatro últimos años. En julio del 2015, la S. Social ingresó 8.279 millones de euros y la media de los últimos cuatro meses del 2011 ascendió a 8.700 millones, siendo muy notoria la diferencia y que por ende impedirá que la Seguridad Social pueda cumplir sus objetivos en el presente año.

 

Los guarismos expuestos están demandando y con urgencia una detallada aclaración coherente que justifique el citado descenso y su inevitable repercusión en el sistema público de pensiones, cuyo déficit estimado para el 2015 se sitúa en torno a los 15 millones, una cifra muy similar a la del ejercicio pasado, lo que está evidenciando que la gestión no ha mejorado sino todo lo contrario situándonos ante un problema estructural preocupante. Como siempre, la clase política solo hace referencia al dato que les favorece, tratando de desvirtuar todo aquello que desmerezca sus desvelos por y para la sociedad que dicen trabajar y que tan generosamente les retribuye con el dinero de nuestros impuestos.

 

Tal postura, mentirosa e infantiloide es inadmisible y la ciudadanía ya está harta de tanta manipulación. Si efecto nos están restregando hasta la saciedad la creación de puestos de trabajo, ¿Cómo es posible que la S. Social ingrese menos dinero cuando el número de cotizantes es muy superior? La respuesta es fácil pero lo suyo es dar la cara y contar la verdad y no eludirla. Todo obedece a que el empleo creado es descaradamente precario y a tiempo parcial, y como consecuencia, las cantidades recaudadas son infinitamente menores, unido, desgraciadamente a que los sueldos también son más bajos.

 

La información sobre contratación mensual debe facilitarse sin manipulaciones, desglosada por tipos de contrato y reducidas a jornada total y mes. Cuatro empleados trabajando solamente 10 horas a la semana representan lo mismo que uno solo a jornada completa de 40 horas, si bien, a efectos estadísticos figurarán como cuatro nuevas contrataciones mas pero la cotización es equivalente a una sola y es ahí donde redicha el engaño ¿De que fantástico empleo están presumiendo en el PP?

 

Ese y no otro ese motivo por el cual los trabajadores que han encontrado una ocupación de estas características, continúan pasándolas canutas y teniendo que recurrir a familiares y mil y una estrategias para poder llegar a fin de mes, aunque la mayoría de las veces deban seguir endeudándose un poco más y eso no es justo. Mire don Mariano, si no se actúa con honestidad atajando el problema ahora que es cuando predican ustedes que todo son aciertos y su gestión es encomiable, imagínese el desastre que se avecina, si los ingresos por Seguridad Social siguen deteriorándose y maquillándose, la población envejeciendo y la natalidad en claro descenso. ¿Reconózcanlo! ahora viven bien los de siempre, los que ya lo hacían antes, durante y después de la crisis y continúan tragando quina y pasando miseria los de toda la vida. No menciones más lo del millón de puestos de trabajo o se le pudrirá la lengua.

 

Que no le digan más milongas, pise el suelo y posiciónese en la realidad. No tiene nada fácil el ganar las próximas elecciones y lo sabe, aunque tampoco crea que los españoles con: Podemos, Ciudadanos, PSOE y similares lo tenemos muy claro. Total, que el panorama no es tan esperanzador como se nos cuenta y todo lo que no sea aproximarse a la verdad les pasará factura. Por último y con respecto a la maldita corrupción que siempre es tratada al final de los discursos y con brevedad, por lo menos ya van reconociendo que ha formado parte de su partido, que les está dañando y sufrirán las consecuencias. Recuerde no obstante que en este capítulo, como tanto le gusta repetir a usted y a los suyos, “todavía les queda mucho por hacer…”¿De acuerdo Sr. Rajoy?

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