PONTEVEDRA  |  A CORUÑA  |  LUGO  |  OURENSE  |  SANTIAGO  |  VIGO

Jueves, 09 Julio 2015 10:05

Abanicos políticos por doquier

por

Tras la oleada de noticias sobre el manejo europeo de la ex troika con los griegos, todo se sucede a borbotones entre las cúpulas de los países de la Unión.

Evidentemente los primeros casos de corrupción sacados a la luz pública vinieron de la mano de los interesados en acumular serigrafías de una escalada de deslealtades para con los ciudadanos a cambio de valerse de la indignación de estos para acaparar simpatizantes a sus diferentes formaciones.

 

Esta obvia conclusión se ha llevado por delante a varias docenas de malintencionados políticos a los cuales les sirvió el cargo que desempeñaban en los diferentes partidos para lucrarse ansiosamente de recursos ajenos mediante tramas urdidas a la carta. Lo que ignoraban aquellos que comenzaron la guerra con la intención de demostrar la falta de lealtad de los políticos con la ciudadanía es que esa serigrafía de aptitudes aparentemente dadas a conocer con el solo objetivo de agenciarse de la simpatía social, se les volvió en una ráfaga demoledora de fotocopias con el color de los billetes como modelo de semejanza.

 

En definitiva, que estas personas aparentemente integras se confunden ahora con los que antes profetizaban ladrones de recursos y que pasan a engrosar las filas de la más repugnante clase política posible. Es verdad que todo apunta a que durante los diferentes gobiernos que han pasado por Moncloa desde la entrada en vigor de la democracia en nuestro país, se han ido llevando un poco cada uno del erario público, la historia demuestra que siempre hubo ricos y pobres pero que estos ricos han estado del lado de los dirigentes para hacerse más poderosos pero, desde luego, estas generaciones políticas se han pasado de la raya y se sirvieron de la confianza de un pueblo gozoso de libertades, entusiasmado con la idea de poder opinar sin miedo y sin saber de la trampa de la salida, disfrutando de un nivel de vida, un Bienestar Social y una calidad del sistema envidiado en toda Europa y otras partes del globo. Pero es ahora cuando más duelen los hechos, la herida latente de verse robado por los que juraron defender sus intereses.

 

Es por tanto tan legítimo como de sentido común la desconfianza ciudadana hacía la clase política y la percepción de que somos meros instrumentos de introducir sobres en las urnas a la voz de quien mejor mienta. Sí, no es nada irracional pensar noblemente en que las cosas pueden cambiar, pero no de la noche a la madrugada queriendo cogernos en el mejor sueño; es irremediable lo que hasta ahora nos han hecho los diferentes protagonistas del poder en las décadas democráticas que ya llevamos a cuestas aunque se pueden poner limites a la degeneración de un Parlamento más parecido a un recreo escolar que a unos señores elegidos para defender la salvaguarda de los derechos de los ciudadanos.

 

Ya no se puede ver en el plasma un debate sobre el Estado de la Nación sin que salgan a relucir aspectos divergentes con la apariencia siempre de que uno es más ladrón que el del escaño vecino; eso ya debe pasar a la historia de la vida parlamentaria por ser tan ridículo como ineficaz perder el tiempo en semejantes trifulcas.

 

Las políticas confluyen por lados distintos con el simple manifiesto de querer ser contrarias en ideologías a pesar de ser idénticas en su base. Basta ya de promesas con gestos irrefutables venidos a cargar la mochila de recursos electorales siempre en las mismas fechas, con la cercanía del voto a la vuelta de la esquina todo son soluciones cuando antes no había ni un solo atisbo de ser posible una respuesta concisa a un problema expedito.

 

No somos más imbéciles que antes, ni menos honestos tampoco; somos ciudadanos que no entienden como en una crisis que se está llevando el bienestar de la sociedad al cubo de la basura y dotando a miles de españoles del carnet de pobre en la boca se atreven aún a decir que España va correctamente hacía el progreso o que la economía es perceptible en los mercados. Será en esos mercados a los que va a comprar el Presidente del Gobierno un sándwich de media tarde porque lo que es al mercado de los barrios cada día la caja esta más vacía y las colas de ciudadanos para hacer la compra brillan por la ausencia de recursos en los bolsillos.,

 

El dedo que señalaba al culpable se ha vuelto al que lo hacía con los mismos pronunciamientos; incluso nuevos dedos que salen apuntando a diestro y siniestro como valedores de la confianza ciudadana se están con el tiempo convirtiendo en protagonistas de sus equipos con el afán de llegar a capitanear sus formaciones bajo la estrechez de los deseos propios. Nadie se salva de este maremágnum de intenciones puestas en la mesa de las promesas sin cerrar la ventana, ese espacio libre por el que vendrá una ráfaga de viento impredecible que se llevará los programas al carajo cuando acabe el escrutinio y este sea a beneficio del más afortunado y no por ello merecedor.

 

La sociedad española se muestra indignada ante la avalancha de cambios que este Presidente, el mismo que pasará a la historia por ser el protagonista en época de recortes, corrupción y de la oleada malsana llena de indecorosas promesas de humo, ese que comienza a regalar en los oídos de sus más allegados colaboradores; eso de dar dinero a los funcionarios o de bajar el IRPF no cambia nada en lo concerniente a los beneficios más apremiantes que necesita la sociedad para seguir subsistiendo.

 

Los comedores escolares, los niños en la pobreza, las mafias que se lucran de las necesidades ajenas causadas por la indefensión de la falta absoluta de prestaciones, las tasas de otro personaje que recordará la enciclopedia española como el destrozador de la enseñanza y la cultura en el país envidiado por ella, la desidia de la administración para sacar a flote medidas con las que asentar las familias monoparentales y un empleo marcado por la precariedad de salarios entre otras muchas disfunciones sociales que nuestro país sufre desde hace ya más de una década nos hace repeler la voz de quien dice lo que no se ve por ningún lado, es decir, que va proclamando a los cuatro vientos un repunte de nuestra economía cuando lo que realmente se está afilando son los dientes electoralistas.

La idea aristotélica de que "el instante es la continuidad del tiempo, pues une el tiempo pasado con el tiempo futuro", me ha dado pie a dar fundamento a este artículo periodístico. A veces uno se sorprende hasta de que pueda existir y cohabitar en ese proceso, pero realmente es la vida la que da vida o la que nos dona luz, es decir, sabiduría para dar prolongación histórica a un modo de pensar y de hallarse.

 

Por eso, en algunas ocasiones, uno se puebla de coraje y surge la esperanza, en base a unos valores compartidos, para contribuir a un futuro habitable para todos. No olvidemos, que al igual que los individuos, los pueblos nacen y mueren; pero la población persiste sobre el planeta, permanece como secuencia de la propia especie en el tiempo, a pesar de las muchas contrariedades que nos degradan la savia.

 

Ciertamente, a lo largo de nuestra historia hemos tenido la oportunidad de celebrar nuestra humanidad común y nuestra diversidad, pero creo que ha llegado la hora de reflexionar sobre tan importante cuestión de persistencia y permanencia. Sería saludable, pues, que coincidiendo con el día mundial de la población (11 de julio), nos replanteáramos cuestiones que son básicas, para que la cadena, tanto de convivencia como de existencia, no se tambalee o se rompa.

 

Para despuntar, somos tan minúsculos que cada ser humano puede nacer en cualquier sitio y formar parte de una cultura u otra. Nuestras poblaciones están observando, a mi juicio como jamás ha sucedido en nuestra tradición, procesos de mutua interdependencia e interacción a nivel global, que, si bien es verdad que toleran elementos problemáticos como las migraciones, tienen el objetivo de mejorar las condiciones de vida de la familia humana, no sólo en el aspecto económico, sino también en el humano.

 

Por consiguiente, toda persona pertenece a la humanidad y comparte con la entera familia de los pueblos, la ilusión de un futuro mejor y la expectativa de una especie en unión. Dicho esto, conviene recapacitar sobre el desbordamiento del nivel del mar, que puede ser un auténtico problema. Téngase en cuenta que la cuarta parte de la ciudadanía mundial vive en zonas costeras o muy próximas. Por otra parte, multitud de moradores, especialmente en África, carecen de agua potable segura o padecen tremendas sequías que dificultan la producción de productos alimenticios.

 

Un problema, particularmente grave hoy en día, es el de la calidad del agua disponible, si nos atenemos a las muchas muertes producidas. Además, la vida en los ríos, lagos, mares y océanos, que alimentan a gran parte de los humanos, mal que nos pese, aparte de verse afectada por el descontrol y el despilfarro en la extracción de los recursos pesqueros, también sufren una gran contaminación.

 

Cerrarse en banda y no querer ver esta situación, por tremenda que nos parezca, para no corregirla cuanto antes, pienso que es cargar sobre nuestra conciencia el peso de negar la continuidad de algunas especies. Verdaderamente, el mundo está hecho para repoblarse continuamente de seres vivos.

 

Y en este sentido, para forjar un futuro mejor para las generaciones venideras, es imperioso promover una economía al servicio de toda la población mundial, así como activar una sana política, capaz de poner las instituciones al servicio de los ciudadanos, para superar presiones o cualquier otro síntoma de corrupción. Por eso, los Obispos de Nueva Zelanda se preguntaron qué significa el mandamiento "no matarás" cuando "un veinte por ciento de la población mundial consume recursos en tal medida que roba a las naciones pobres y a las futuras generaciones lo que necesitan para sobrevivir".

 

Tema grave, gravísimo, y aunque puedan parecernos palabras densas y fuertes, la crueldad radica en dejar que la desesperación de algunos no cese jamás en vida, mientras otros, hasta por divertimento, lo derrochen todo, sin importarles para nada el bien colectivo, adueñándose del planeta como si fuera exclusivo de los poderosos, obviando muchos gobiernos el respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales, cuando en verdad deberíamos responder eficazmente ante cualquier violación.

 

Pese a los enormes desafíos del momento actual, creo que han de propiciarse los debates a escala global y nacional sobre los derechos humanos y el desarrollo de la especie, centrándose a mi manera de ver, mucho más en el ser humano como tal, que es víctima y verdugo a la vez en tantísimas ocasiones, sobre todo a raíz del aluvión de deterioros humanos percibidos ante la falta de ética y, por ende, de humanidad perdida, proyecto que ha de ser recuperado cuanto antes.

 

Por desgracia, no se puede avanzar en la medida en que los políticos caminen obsesionados sólo por atesorar o agrandar el poder, en lugar de servir a la ciudadanía. Junto a este pelaje ha crecido, asimismo, una legión de oportunistas que únicamente piensen en el rédito económico, en vez de activar el capital humano, que es lo verdaderamente progresista y rompedor. Pensemos, que mientras más vacío esté el alma de los moradores, más necesitados andaremos de objetos de deseo; aunque luego, tras su uso, los tiremos porque ya no sirvan para nada.

 

Naturalmente la humanidad tiene que humanizarse con otros hábitos, para empezar renunciando a un mercado tentador y muy acaparador, sólo así podrá revivirse en esa deseada alianza entre la hoy maltrecha población y el actual maltratado medio ambiente. Hace falta, por tanto, que la población vuelva a sentir que todos somos parte de un todo, que tenemos una responsabilidad de poner orden en nuestras existencias.

 

De ninguna manera podemos resistir ante este huracán persistente de degradación moral que nos invade. No me cansaré de escribirlo, de vociferarlo, puesto que estoy sugestionado que burlándonos de la honestidad nos estamos engañando, primeramente cada cual consigo mismo, y después, mofándose de nuestra propia bondad interior, como si fuésemos un trozo de materia sin voluntad.

 

En consecuencia, es el momento de situar los problemas de la población en la perspectiva de un destino armónico, donde la decencia sea el abecedario permanente, mediante acciones conjuntas y valientes, para que cada ciudadano pueda hallar, por sí mismo, ese horizonte humanitario de autenticidad que engrandece al propio linaje. Todos somos conscientes de que ese camino no es fácil, porque se trata nada menos que de cambiar mentalidades, formas de vivir y de ser, pero confiemos en ese reforzarse como ciudadanía nueva, bajo el referente de la escucha a todo y a todos.

 

Hoy más que nunca, las personas de todas las culturas pueden influir de manera positiva unas en otras, cuando menos para hacernos reconsiderar nuestras acciones, crecidas por la violencia y la dominación de pensarnos dueños del universo. En cualquier caso, es bueno que nos interroguemos, y tengamos tiempo para hacerlo, máxime cuando cavilamos por un mundo más equitativo, y no escuchamos a los excluidos. Por ello, estoy convencido que la nueva población necesita otras motivaciones y, sobre todo, un camino educativo más acorde con la propia naturaleza creada.

 

En definitiva, lo que le ha pasado a nuestra población es que su retroceso está ahí, más allá de la crisis financiera; y, lo nefasto del momento, es no ir al corazón del problema, que radica en el desprecio por algunos seres humanos (los marginados) y en el menoscabo de buena parte del hábitat; a la que, por cierto, ya le cuesta seguir la secuencia de vivir y dejar vivir.

A cinco meses escasos de la celebración de las próximas elecciones generales, y por primera vez, tengo totalmente clara cual será la orientación de mi voto. En esta ocasión y sin el menor atisbo de duda ni remordimiento ¡¡votaré en blanco!! Podría hacer uso de la abstención para eludir el compromiso o utilizar el voto nulo, pero en el primer supuesto podría interpretarse como desidia y en el segundo, una falta de respeto a la norma que tampoco estimo correcto.

 

Tal irreversible decisión, a medida que transcurren los días, me proporciona la grata sensación de estar obrando acertadamente. No tengo por costumbre, tras haber participado en múltiples comicios, preguntarle a nadie a quien votó, como igualmente eludo el ser interrogado en ese sentido, y más aún, cuando el curioso cretino de turno, pretende que le justifique porque voté a fulano o mengano.

 

Si es voto es secreto ¿a que viene semejante indiscreción? No obstante, en la votación de noviembre y sin la menor intención de convencer a nadie, si siento el deseo de explicar y razonar los motivos que me inducen a proceder de tal guisa. Podría confeccionar una larga lista con mis discrepancias pero no ha lugar en este momento, sintiéndome satisfecho exponiendo tan solo tres argumento. Desde siempre, la propia ciencia política como los que la ejercen profesionalmente, han despertado en mi una especial curiosidad.

 

Tanto es asi que tras haber dedicado miles de horas a la lectura de programas, discursos, declaraciones, libros, artículos de prensa, entrevistas etc, y como no a escuchar y ver tertulias de debate, radiadas y televisadas, continúo sin entender el denuedo y la entrega que le dedican y la compensación recibida.... El primero de los motivos que justifica lo albo de mi meditado voto (joder que cursilada), es que en todas las formaciones y sin discriminación, más o menos ladina y sibilinamente, mienten, prometen y no cumplen, sino que además confunden y se desdicen.

 

El secreto consiste en añadir a declaraciones y manifestaciones la mágica palabra "democracia" y asunto concluido. Todo parece indicar una vez más, que el enfrentamiento se producirá entre la llamada derecha clásica representada por el Partido Popular y algo menos Ciudadanos, y la izquierda coordina por Podemos con la colaboración del el PSOE. IU y restantes formaciones afines. El Centro-Centro como tal es una entelequia que en política no existe, pero que los partidos añaden exprofeso a sus siglas, con la pretensión de aparentar moderación, de ahí que se autodefinan como formaciones de centro-derecha y centro-izquierda respectivamente.

 

En segundo caso manifiesto mi total discrepancia con los argumentos y estrategias que están empleando tanto el PP como Podemos. No me convencen en absoluto y rezuman demagogia por todos los poros. Veamos, en el caso de los populares, nuevamente se decantan por el empleo del miedo y la resignación, unido al milagro de la macroeconomía, como crecemos y lo bien que nos va (refiriéndose lógicamente a los de siempre), y en la oposición, los podemitas, con su cansino discurso basado en el rencor, resentimiento y la utopía. Aderezando en ambos casos sus proclamas con mil y una falacias para que los respectivos votantes no se equivoquen al elegir la papeleta de votación.

 

En el fondo, los cuentos tramposos y muletillas continúan siendo los mismos. Mientras unos siguen dando la matraca con temores y oscuros peligros, los otros contestan con el insufrible populismo de la felicidad y que no falte de nada. Arriesgado argumento de consecuencias insospechadas. Por último y en tercer lugar sobre mi inclinación al voto en blanco, pasa por una serie de cuestiones o preguntas, cuya contestación por parte de los políticos no convencen a nadie o a muy pocos.

 

Por ejemplo, la mayoría de los altos dirigentes, desde el Presidente del Gobierno, ministros y dirigentes del partido, hasta el último edil de La Almunia de Doña Godina o Villanueva del Trabuco, con independencia de la formación en que militen, indefectiblemente se declaran denodados trabajadores por y para los ciudadanos, ¿es que esperan que alguien a estas alturas se crea semejante mamarrachada? Su gran preocupación y ocupación desde que tocan poder, pisan moqueta, las secretarias les tratan de usted, y sus micciones son pura colonia, consiste en procurar satisfacción a su propio ego.

 

El resto ya lo conocemos porque nos lo cuentan los medios a diario. Al margen de lo expuesto en el párrafo anterior, existe otra cuestión que me intriga sobremanera consistente en averiguar que le induce a un alto dirigente político a ejercer de tal ¿La ambición de poder? ¿Deseo de reconocimiento público? ¿Los signos externos de su autoridad? Sorprende que siendo los sueldos declarados por nuestros gobernantes muy inferiores a los percibidos por sus colegas de los países de la U.E. se maten por ser incluidos en una lista electoral, cuando comparativamente con las percepciones de los directivos de empresas privadas son ridículos. Son muchas la veces en las cuales se vota a un partido y no precisamente por sus excelencias y desafortunada gestión sino para que no prosperen las siglas de la oposición. Concretamente algo similar sucede con los votantes del PP que deploran la corrupción congénita en su formación pero continuarán apoyándolo con tal restarle votos a los demás.

 

Tras el fracaso del 24-M cantidad de cargos del PP que no podrán ser recolocados en el partido y muchos de ellos, familiares y enchufados con cierta edad y escasa preparación para los cuales encontrar trabajo no será tarea fácil, pasarán a percibir el seguro de desempleo y a militar en el ejercito del paro Hasta ahora, en el momento de reflexionar y ejercer mi derecho al voto, siempre terminaba otorgándoselo al menos malo entre las distintas candidaturas, si bien, tal acto de magnanimidad a tocado a su fin ¡¡Que se lo ganen!! Y ya puestos a recortar, a partir del 2015, mientras no se modifique la actual Ley Electoral, desaparezcan las listas cerradas, se despolitice totalmente la política y se firme un pacto nacional anticorrupción, continuaré votando en blanco...¡¡Tiempo al tiempo!!

Jueves, 02 Julio 2015 13:17

La dolce vita de Varoufakis

por

Uno de los reportajes fotográficos más desvergonzados de los últimos tiempos ha sido el del celebérrimo ministro griego, Yanis Varoufakis, su rubia esposa y su espectacular ático con vistas al Partenón en la revista francesa París Match, cuya célebre divisa “Le poids des mots, le choc des images” (el peso de las palabras, el choque de las imágenes) pocas veces ha resultado tan atinada como en este caso.

 

El opulento y suntuoso estilo de vida de Varoufakis que retratan las imágenes del semanario francés poco casa con la situación de un país quebrado, sólo vivo gracias a la caridad europea. Ni la biblioteca del “azote de la Troika” ni la terraza con vistas al Partenón ni su forzado posado al piano ni su mesa de diseño rebosante de platos tradicionales del país serán, me temo, imágenes habituales en el actual gran enfermo de Europa.

 

Si eso era lo que Varoufakis quería insinuar, va a ser que nos ha tomado por tontos (hecho que, por cierto, explicaría muy bien su conducta presente y pasada con sus socios europeos). Bien al contrario, si algo prueba el reportaje es la sideral distancia entre sus dichos y sus hechos, además, por cierto, de su evidente confusión entre lo distinguido y lo hortera, patología propia del nuevo rico. Obviamente, la cosa no ha dejado indiferente a nadie que haya tenido ocasión de echarle el ojo encima.

 

Por eso llama la atención el silencio de sus fans por estas latitudes, estos de la estética desastrada que se desgañitan ante cualquier vestigio de opulencia. Pero, bueno, puede hacerse una lectura positiva de su inacción, que nos da la clave para ganar los favores de esta “famélica” legión. Si son ustedes ricos, sepan que estarán en su disparadero.

 

Pero bastará para conjurar el riesgo con proferir algunos eslóganes grandilocuentes contra el capitalismo, a favor de la solidaridad, la desigualdad y cosas similares y con comprarse una moto y una mochila. Con eso, rendidos a sus pies. Hay por ahí quién clama contra el acoso contra la patria fundadora de la democracia. Pero me temo que esa fue Atenas (y con muchos matices). Y la Grecia de hoy se parece a Atenas lo que Nápoles a la antigua Roma. Ahora falta que Varoufakis haga otro reportaje en su casa de las islas griegas. Podría llevarse a Pablo Iglesias y Ada Colau y allí, los tres, dejar fluir sus profundos pensamientos sobre lo ilegítimo de la propiedad privada y lo magnífico de ocupar casas ajenas. Nunca las propias, claro.  

 A poco que nos adentremos en el mundo observaremos que el aluvión de injusticias sociales nos dejan sin aire, así como la corrupción política que sufren todos los pueblos en mayor o en menor medida, lo que nos invita a reflexionar sobre ello. En relación a esto, personalmente pienso, que la cuestión no es tanto la renovación de personas como el sentido ético de la ciudadanía. Únicamente sobre esta conciencia moral es posible construir un mundo más humano, y resolver los problemas complejos y graves que nos afectan.

 

Hasta ahora ha triunfado la fuerza del poder económico, político, social, en lugar de la dignidad del ser humano como tal, despojado de cualquier interés de grupo. Así, en Europa, lo urgente actualmente es establecer vallas protectoras para el euro, en vez de establecer políticas sociales que nos lleven a conquistar un mundo más fraterno. Mientras en África y Oriente Medio, los incesantes conflictos armados obligan a una desbandada de desplazamientos humanos, en el centro de la cuestión cultural ha de incluirse abrir caminos a la auténtica libertad de la persona, ya que se hace todo lo contrario.

 

Hemos de reconocer, por tanto, que bajo estas realidades inhumanas, se resienta hasta el mismo fundamento de la convivencia, amenazada y abocada al mayor de los caos, a su disolución como especie; y, lo que es peor, a una verdadera inmoralidad que nos trasciende a un mundo de salvajadas sin precedentes. Por desgracia, las divisiones forman parte de la identidad humana.

 

En esto no hemos evolucionado. Nos puede la necedad del egoísmo, que llevado a sus extremas consecuencias, desemboca en la negación de la idea misma de ciudadanía. Ciertamente, nos hemos globalizado, pero el individualismo nos sobrepasa, para la cual cada uno se encuentra ante su verdad, totalmente distinta a la verdad del otro ciudadano. De este modo, va a ser muy difícil entrar en diálogo, avanzar, puesto que esta cultura pone radicalmente en duda los mismos pensamientos. En este sentido el cardenal J. H. Newman, gran defensor de los derechos de la cognición, afirmaba con decisión que "la conciencia tiene unos derechos porque tiene unos deberes".

 

Naturalmente, cuando todo lo hacemos subjetivo a nuestros propios negocios, la mundanidad toma posiciones privilegiadas. Es lo que está pasando en el momento presente. Estamos siendo gobernados por personas irresponsables, sin seriedad alguna, que anteponen sus avaricias a una vida de servicio a los demás, que es por la que han optado libremente. De ahí la necesidad, de unirse cada vez más, como hace setenta años lo hicieron un grupo de naciones, ante las cenizas y los escombros de la Segunda guerra Mundial.

 

En este momento Naciones Unidas cuenta con 193 Estados miembros y, tras de sí, con una historia verdaderamente elogiosa, con importantes frutos como el desmantelamiento del colonialismo, el triunfo sobre el apartheid, el mantenimiento de la paz en zonas en conflicto o la protección de los derechos humanos.

 

Desde luego, si en verdad queremos hacer una vida humana más condescendiente con la propia especie, o sea más íntegra para que nos haga mejores personas, hemos de intensificar la cuestión ética, o si quieren moral, y para ello, han de adquirir una importancia fundamental y decisiva las organizaciones internacionales. Lo prioritario ha de ser el ser humano más allá de las estructuras de poder, exigiendo un examen de las mismas y su transformación en una dimensión mucho más aglutinadora y universal. No cabe la exclusión ciudadana.

 

Todo esto da testimonio en favor de la obligación de unir ideas con la laboriosidad como virtud, que permitirá a todo ser humano, ser mejor ciudadano, crecer como persona. Por consiguiente, el progreso en cuestión debe llevarse a cabo mediante la ciudadanía en su globalidad y debe producir un bienestar global en la vida humana, lejos de quienes buscan asesinar, destruir y aniquilar el desarrollo humano y la cultura. Sin duda, tan importante como vivir es dejar vivir. Ahora bien, sin verdad, sin decencia y amor por nuestros análogos, todo se deja a merced de la lógica del poder, con efectos disgregadores sobre la sociedad, y lo que es más absurdo, con efectos destructores de la persona que lucha por el bien colectivo.

 

Ya está bien de mesianismos prometedores que son falsos y que forjan decepciones, ha llegado el momento de humanizarnos, y que el escándalo de las disparidades hirientes cese, para progresar como seres pensantes, más allá de las cuestiones económicas. Naturalmente, nos merecemos cohabitar en un mundo rico en intelecto, pero éste inmerso al servicio de toda la ciudadanía, especialmente de los más vulnerables. Convendría ponernos en acción y no enviar armas a zonas de conflicto, abrir escuelas en su lugar, reeducarnos en lo armónico.

 

Sería bueno, pensar en la imagen de un acorde sinfónico, todos los instrumentos suenan juntos, de manera coordinada, cada uno con su peculiaridad, y esto, en verdad, es lo que nos trasciende y emociona. Cuando se tiene una vida plena todo se fraterniza, y siempre encontramos la manera de acogernos y respetarnos desde esa diversidad. Claro, para esa colmada existencia hace falta la construcción de una sociedad más justa, donde todo el mundo pueda vivir bien y ser dichoso, contagiada por el amor principalmente y por una regla de hábitos coherentes con el espíritu del afecto.

 

Estoy convencido, por ende, que el ser humano tiene que aprender a quererse para poder respetarse mucho más, y aunque la verdad y la justicia no han de tener fronteras, tenemos que fomentar un sentimiento de pertenencia y no de exclusión como se ha venido haciendo en las últimas décadas. A mi entender hoy el mundo necesita prioritariamente escuelas de moral, pues, como decía Albert Camus, "un hombre sin ética es una bestia salvaje soltada".

 

Es capaz de cualquier cosa. De matar al primero que se le ponga en el camino, de torturarlo para que se sienta mal, de atormentarlo con cuestiones crueles, y hasta de injertarle doctrinas macabras para que no pueda ser él mismo.

 

Cada día precisamos estar más en paz con nosotros mismos, y la manera de conseguirlo, no es otra que fraternizar, que convivir desde la clemencia. Lo que puede parecernos arcaico no lo es, puesto que no se trata de ejercer de compasivos, que también, pero sobre todo de personas equilibradas y es, esta sensatez, la que imprime el valor ético de nuestros actos. Allá donde la moral y las creencias son reducidas al ámbito exclusivamente privado, dificultosamente se va a poder formar una sociedad solidaria. Tengámoslo en cuenta. No le hemos prestado atención a esto, y la consecuencia, es el fracaso y el retroceso.

 

La grandeza de una especie, mal que nos pese, está en relación directa a la evidencia de su fuerza moral. Desprendámonos de autocomplacencias, e inventémonos, si acaso un nuevo código ético, de ética moral, como horizonte para un nuevo renacer más verdadero, más incluyente, más de la conciencia, más de nuestro específico interior en definitiva.

La pretensión de los populares de renovar el partido, a cinco meses de unas elecciones generales, no deja de ser una majadería un tanto chusca, al igual que reconocer a estas alturas que los dirigentes del PP, comenzando por el presidente, deben mejorar la comunicación con los ciudadanos en cantidad y calidad.

Tal urgencia tras haber transcurrido tres años y medio, abusando y desaprovechando su mayoría absoluta, sin escuchar ni hacer el más mínimo caso a las reivindicaciones de la oposición ni preocuparse de los españoles más desfavorecidos, ha constituido un auténtico despropósito, teniendo que haber sufrido el anunciado descalabro en los comicios autonómicos y municipales, para comenzar a reaccionar tarde y mal.

 

El eludir y postergarlo todo continua siendo su gran error de Rajoy y que los propios dirigentes de la formación, se culpen unos a otros de la desastrosa gestión realizada. Nadie con dos dedos de frente y ante la delicada situación en que se encuentra el Gobierno, puede permitirse el pasar 20 días deshojando la margarita para comunicar la escueta renovación del partido consistente en el nombramiento de cinco personas y tres de ellas totalmente desconocidas, cuando lo suyo habría sido comenzar prescindiendo de la Secretaria General, Cospedal García, cuya endeble gestión refleja el crítico estado en que se encuentra el partido.

 

Presidir una C.A. y a su vez dirigir el partido no es compatible Tampoco es de recibo que el presidente del Gobierno, admita y reconozca ahora que la corrupción en su formación ha causado más daño de lo previsto, cuando desde hace varios años fue repetidamente advertido de que tal lacra estaba instalada y perfectamente organizada en el PP. Sin ir más lejos, tómese como ejemplo el escándalo del “Caso Punica” cuyas ramificaciones y nuevos imputados continúan apareciendo. Cuando la golfería es compartida por tal cantidad de sinverguenzas, sucede los mismo que con los secretos, que son imposibles de ser guardados y pierden la condición de tales.

 

No es correcto tampoco que en algunos medios se haya ensalzado el ejercicio de autocrítica por parte del Jefe del Ejecutivo por reconocer verdades como puños, cuando lo merecido sería la mayor de las censuras por haber tardado tanto en asumirlo, y peor aún, tratar de taparlo descaradamente a lo largo de estos últimos años ¿o es que alguien puede creerse que ignorase todo lo que estaba ocurriendo?

 

Lo cierto es que se intentó por todos los medios ocultar tanta porquería por las posibles repercusiones pero con paupérrimos resultados. Afirmar como hizo Rajoy que “se ha pagado un precio altísimo en votos" por la innegable corrupción en el partido denota un descarado cinismo.

 

Aquí, los únicos que hemos contribuido con nuestros impuestos para engordar las cuentas de tanto sinverguenza somos los ciudadanos, más lo que queda por destaparse que irá apareciendo paulatinamente. Conviene recordar que en estas fechas los chivatazos están muy bien retribuidos… .

 

En esta ocasión padeceremos una de las campañas electorales más largas desde que se implantó la democracia. Serán cinco duros meses hasta noviembre incluida la ya iniciada precampaña, lo que supondrá que este año los políticos se quedarán sin vacaciones estivales, siendo el primero e iniciar la actividad como no podría ser de otra forma, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, quien adelantándose al resto de formaciones ya tenía perfectamente organizada su "Caravana del cambio”, hábil estrategia de inicio, consistente en recorrer todos los municipios con alcaldes vinculados a su formación política y comenzando por Cádiz.

 

El haber logrado descabalgar a Teófila Martinez de la alcaldía gaditana tras 20 años de permanencia, ha constituido un éxito rotundo con gran repercusión mediática que Iglesias, inteligentemente, capitalizará como argumento para fortalecer la idea de “cambio” que viene fomentando Podemos desde su creación para alcanzar La Moncloa.

 

En esta primera intervención, se mostró muy duro en su alocución contra el PP y Ciudadanos, castigando al PSOE con el látigo de la indiferencia, obviado a los socialistas en todos los sentidos como alternativa al Ejecutivo. Mire don Mariano, su gran error una vez más ha cosistido en llegar tarde y mal.

 

Seguir dando la paliza con el mantra de la recuperación económica y los milagros de la macroecomía como “único argumento” ya comienza a molestar. Entérese de una vez por todas, lo que los ciudadanos no perdonan ni perdonarán es la corrupción hasta las trancas instalada en el partido. Si todo lo que comunicó en su discurso el pasado jueves 18 se hubiese producido hace dos años, posiblemente, aunque con dudas, la situación actual sería distinta.

 

Está muy bien todo eso de salir a la calle y dar la cara, explicarse mejor, escuchar a los ciudadanos, etc. Pero se necesita algo más, como por ejemplo, que los cambios en el Ejecutivo no consistan en limitarse a cambiar a dos ministros, porque tal respuesta solo contribuirá a que se incremente el malestar ciudadano.

 

Como bien sabe, la pérdida de 4.000 concejales supondra muchos despidos incluidos toda la pléyade de “asesores” muchos de ellos procedentes de contrataciones de familiares, compromisos y amiguetes, los cuales, a partir de ahora, se convertirán en enemigos al tener que pasar a engrosar la cifra de desempleados y además resentidos. No cuente con sus votos ni el de sus familias y amistades para las generales…¡¡Tiempo al tiempo!!

Jueves, 18 Junio 2015 10:40

¡No más y tú más!

por

 Deben de terminar las posturas descalificadoras de nuestros representantes políticos de una vez por todas, acabar con el excesivo uso de palabras malsonantes en el lugar elegido por nuestra democracia para consolidar posturas afectas a la sociedad que estos atienden se considera ya un motivo suficientemente grave como para dejarlo a un lado.

 

Si defender a los ciudadanos que representan es dar un golpe en el atril dirigiendo palabras despectivas a la otra parte del escaño se considera UN ACTO importante en una discusión política es que a todas luces, la manera de trabajar por los intereses de la ciudadanía se hace peligrosamente inútil. Nada se construye en sociedad sin la participación de todas las partes que la integran, a tener en cuenta los parámetros de uno se le denomina trabajar en equipo, algo fundamental para salir con buen pie del atolladero económico que nuestra sociedad sufre.

 

Lejos deben quedar los improperios desagradables sin excusa alguna para ello al ser evidente que cada cual defiende unos intereses distintos y que sin duda, deben de confluir con la otra parte si queremos hacerles valer en algo.

 

Demasiados insultos en el gran teatro político originan con el tiempo algo parecido al odio, al desenfoque de la realidad de manera automática y a utilizar el traspiés del contrincante en beneficio propio sin tomar en consideración que las piedras siguen en el camino y más pronto que tarde pueden caer en el mismo punto. Se toman en consideración demasiado a la ligera unas redes sociales que sin quitarles importancia, sirven en muchas ocasiones para desviar la atención del verdadero mensaje para caer en el olvido al siguiente comentario.

 

La información nos atropella incluso en los pasos destinados para recomponernos del agobio atroz que nos envía hacia un tremendo solar lleno de palabrerías, actos de ultraje permisivos a los que la ciudadanía queda escéptica y resultados oscuros. En definitiva, que en las redes utilizadas por la mayoría de la sociedad que nos rodea, incluida la clase política, nos engullen sin masticar la verdad y trafican con la mentira sin darnos cuenta de ello.

 

La información nos asalta allá por donde estemos sin piedad, tirándonos a la cara noticias de dimensiones extremas que al final quedan sumergidas en otros ciento cuarenta y tres caracteres sin apenas entenderlo. Una sociedad moderna es algo evidentemente a lo que aspiramos en el tiempo sin dejarnos avasallar por las nuevas tecnologías y sin despreciarlas a la ligera pero, si reflexionamos en ello averiguaremos que a pesar de ser esta sociedad moderna vamos perdiendo una parte intrínseca de las personas, el razonamiento de la noticia, el debate pausado y la oportunidad de ver la realidad desde diferentes campos.

 

Cruel puede ser el hecho de mantener una conversación mediante un avance tecnológico desde el cual no se puede apreciar la temperatura corporal del comunicador ni los motivos a los cuales apunta para condicionar la conversación, pero evidentemente, el hacerlo frente a frente conservará el calor de los comentarios y la posibilidad de variar el sentido de las palabras si el mensaje lo requiere.

 

Pedir perdón es un acto de valentía en toda persona que se precie de ser honesto con sus ideas y humilde en sus disposiciones pero esta percepción a través de unos caracteres o unas notas insertas en el muro de la red social pasan inadvertidas por haber sido manipuladas al antojo de aquel que sabedor de su mala influencia las recoja en su beneficio.

 

Las personas, a pesar de ser animales dotados de una inteligencia superior en algunas ocasiones nos volvemos fieras sin piedad deseosas de destrozar a todo aquello que se le ponga a tiro de zarpa. Nos queda mucho por aprender de las nuevas formas de comunicación para ser capaces de manejarlas con la seriedad que se requiera en cada caso y no ser utilizadas por aquellos que solo quieren nuestra caída en beneficio propio.

 

La incoherencia en los actos de cada uno pueden convertirse sin desearlo en herramientas destructoras de su identidad personal, defender con dignidad estos valores pasa por ser comedidos con los demás y sin olvidar las redes sociales hacerlas un poco más utilizables en beneficio de todos. El desafecto abusivo de la sociedad en relación a los colectivos más débiles demuestra hasta qué punto las nuevas tecnologías son capaces de desatenderlos al pasar inadvertidas tras el trasteo del teclado con una noticia diferente.

 

Se nos pasa el tiempo tan rápido que los temas puntuales de información desfilan ante nuestros ojos sin que seamos capaces de percibirlo y esto demuestra algo destacadamente vivido a diario, solo conocemos el titular de la noticia para pasar después a otro tema diferente. De una sociedad globalizada se requiere un avance progresivo en sus modos de actuación, el pluralismo existencial de ideas apremia a consolidar métodos de convivencia definidos, normas de colectividad con las que afrontar nuevos retos.

Martes, 16 Junio 2015 19:07

Nuevos tiempos

por

Si hasta ahora parecía haber sido la deslealtad una profesión recomendada por los mejores facultativos políticos esta parece haber tenido un rebrote consistente en apenas unas semanas; la pandemia de ideales con colores diferentes ha venido a confluir en un mismo espacio diseñado con la única utilidad de atrapar entre los desesperados a cuantos más mejor para poder difundir esta enfermedad demoledora en algunos sectores sociales que como siempre sufren las consecuencias inmediatas echando mano al bolsillo del cual ya han desaparecido los pocos recursos con los que afrontar los daños infringidos por dicha enfermedad profesional, sobre la que vienen nuevas fórmulas dispuestas a erradicarla de nuestro entorno a pesar de no estar aún suficientemente probadas en los laboratorios de análisis ciudadano.

 

La sociedad se debate en un caos desorbitado de ideas por pura desesperación y sin atender lo más mínimo aquello definido como prudencia ante lo que nos pueda venir. La avalancha de ofrecimientos durante la campaña electoral vuelve a significar lo oculto que se mantienen esas ideas hasta llegar a exponerlas en el escenario de las urnas ¿Y antes? Las campañas electorales debieran de ser herramientas finales en un gran escaparate diseñado para ser visibles a la gente los programas firmados con el propósito de ser cumplido en un espacio de tiempo y si no fuera así, dejar el espacio ocupado libre para que lo utilice el siguiente en la lista de votos; no es de recibo mantener el tiempo de duración de una campaña electoral para demostrar lo que no se ha hecho durante el resto del tiempo, hasta pasados los cuatro años de duración del que se llevó a su campo la pelota del poder; entendiendo desacertada la aplicación de medidas, inauguración de edificios municipales o presentación de futuras maquetas días antes de confluir en las urnas ¿Mentira? No, tan sólo desidia de los gobiernos electos al saberse poseedores del bastón de mando y con la jerarquía de imponer, hacer o deshacer a su antojo hasta nuevas fechas.

 

Nada cambia con el tiempo y eso es un grave problema, la ciudadanía debería tener conciencia social y valorar a las fuerzas representativas por el trabajo llevado a cabo durante todo un periodo y no por los compromisos a los cuales dicen aferrase sin creer en llevarlos a efecto como mantienen, Votar por votar se ha convertido en un razonamiento sin fe, en un banal compromiso con la obsesión de avanzar y el desafecto de los poderes facticos apenas resultan evidentes para ello.

 

Llegar a un colegio electoral con la papeleta en la mano por no querer ser el vecino raro de la comunidad , el rebelde manifiesto de todas las reuniones o el ingenuo que dice lo que después no hace debería estar prohibido; cada ciudadano con derecho a voto tendría que tomar la papeleta con su decisión de las mesas, con la firmeza de sus ideas sin miedo a ser advertido por alguien su gesto, con la honestidad y la humildad como valores personales y la certeza de llevar a cabo su compromiso con la democracia por bandera.

 

Las modas de hacer llegar por cartería los votos a los hogares se configura como herramienta de partidos con recursos suficientes que bien podrían dedicarlo a ese futuro proyecto que traen entre manos con sus programas en lugar de gastar el dinero del contribuyente en servirse de las ínfulas que en nada infunden seriedad a un ciudadano normal postulado por propia iniciativa sin necesidad de ver su buzón repleto.

 

Luchar con los mismos recursos en unas elecciones se manifiesta como el hecho indiscutible de que por medio de sus compromisos, los ciudadanos observen la mejora de sus ideas y la seriedad de sus mensajes; por el contrario, utilizar la soberbia de ser más que el aspirante es tener por sentado que a pesar de la ingesta visual de propaganda que se le ofrece a la ciudadanía está observa a su vez más gustos que sabores y atiende a otra posibilidad dejando los gastos de una campaña electoral tirados al contenedor del reciclaje y aquellos que usaron los colores de un partido para donar parte de unos ingresos infectos tomarse una nueva copa a la salud de sus allegados sin que el disgusto de perder el dinero ya dado por hecho les aleje de la suficiencia.

 

Suciedad por limpiar queda mucha tras una campaña electoral, máxime si las líneas observadas son menos afines cada vez a los partidos emblemáticos manchados del aburrimiento de los ciudadanos en darles una confianza de la que no han sido legítimos merecedores. La política debe de cambiar pero para que esta lo haga deben de cambiar los modos de votar a la ligera, tienen que variar las posiciones de siempre basadas en votar por beneficio personal y comenzar a hacerlo en pos de la sociedad en su conjunto pues si a uno le va bien

 

¿Por qué no admitir que le pueda ir igual a su entorno? Sentir que la política empieza a cambiar es una esperanza más que un sentido real por ahora; notar que los representantes políticos de siempre comienzan a ponerse nerviosos ante la evidente variación de sus iniciativas es atender como merece a la ciudadanía. Es esta ciudadanía la que al igual que se debe regenerar la política y resurgir la economía con los nuevos modelos que las formaciones pretenden, la que debe de comenzar a tomar conciencia social de todo lo que ocurra en su municipio, comunidad y en definitiva, en el conjunto del país pues sólo así el cambio esperado se hará notar en un tiempo prudencialmente cercano.  

Bien, pues ya están los consistorios y las autonomías formadas, en perfecto estado y dispuestos a ponerse de acuerdo en estar de la misma forma al corriente en el pago de impuesto y arbitrios con los que afrontar una nueva época de nuestra historia democrática. Sinceramente deberíamos de ponernos a cubierto al comienzo de todo este desenlace al que han llegado muchos con el arreglo sostenido en el momento adecuado por otras formaciones que, a pesar de no ser afines a sus principios, ven con más satisfacción tener a unos en el lugar que mejor dominen con respecto a aquellos que pudieran ser demasiado peligrosos por la espalda.

 

Ante el maremágnum de consensos y apaños al que han llegado las fuerzas representativas de la ciudadanía habrá que hacer una pequeña reflexión sobre si nos ha interesado votar a uno para que se coalicione con el contrario o simplemente nos han vuelto a engañar dándonos a entender que apostaban por la calderilla que pudiera quedarles y no por el cambio que prometían traernos. Algunos sin embargo sostienen que las ideologías han variado el rumbo o que los socialistas se han dado un revolcón desilusionador para sus afines y que los populares han pagado la soberbia cometida con sus ajustes y recortes a ojos cerrados con los que han conseguido agrandar una brecha social ya de por sí acrecentada con la crisis.

 

Ahora son los nuevos líderes quienes deben tener las premisas con las que llegar a pactos de gobierno pues hasta ahora tan sólo se ha llegado a acuerdos suficientes con los que atender la premura de poner a alguien en el lugar visible que la situación requiere. Y entonces, ¿Cuándo comienza el espectáculo del cambio? ¿qué sorpresas nos esperan desde ahora hasta que nos vuelvan a requerir para depositar una nueva papeleta en las urnas en las próximas elecciones generales en Noviembre del presente 2015?

 

De momento nos debemos conformar con la afrenta a los jubilados del actual Gobierno Central y su inquisitiva forma de hacer política a costa del agravio al ciudadano; confirmar que el poder adquisitivo de estos se va sumergiendo en la miseria según pasan los días del año y los zapatos suben de precio costándoles dar un ligero paseo con el que saciar la ansiedad de notar sus recursos mermados y los pantalones de siempre, se quedan sin ese cambio para tomar un café de tertulia merecido. Sí, es cierto, los recursos de los pensionistas siguen manteniendo en muchos casos dos hogares, siguen sumando más bocas que alimentar en su casa y costándole más de un disgusto darse cuenta de que nada cambia, tan sólo ellos más viejos, sus hijos desempleados y los nietos con una esperanza lejana de un bienestar apagado.

 

Es en este instante, en este preciso momento de suma necesidad, cuándo varía el rumbo de la política, el idóneo para demostrar esos beneficiarios de los votos por indignación popular y hartazgo de la ciudadanía el ideal para dar la vuelta al marcador de indiferencia al que estamos sometidos desde la entrada en juego del Partido Popular en el Gobierno. Son los municipios, las diputaciones a pesar de su nula aportación y las comunidades autónomas las que tienen que liderar el cambio prometido con el que afrontar la regeneración de la política malsana en nuestro país y el resurgimiento de medios con los que avanzar en pos de una Calidad de Vida perdida por la mala gestión de los que ahora se sienten vilipendiados por una mayoría que han dejado de disfrutar y aluden en sus discursos a convencer a la sociedad de haber caído en las redes de los que vienen a dar por terminada una parte de la historia en favor de ideologías extremas.

 

Por favor, ¿Quién fue el primero en engañar al pueblo dándoles a entender que traían el progreso en sus programas? ¿Quién mantuvo una cruel indiferencia mientras los ladrones se llevaban un dinero que no era suyo hacia paraísos fiscales? ¿Quién dejó a ciudadanos honestos en la calle despojándoles de la dignidad de sus hogares? ¿Quién adujo librar la batalla para recuperar el mercado laboral y utilizaron una Reforma Laboral para crear contratos de usar y tirar? ¿Quién contrató en diferido lo que resultó ser directamente un robo a los ciudadanos? No señores, esto del miedo ya lo hemos pasado viendo como cada viernes salían del Consejo de Ministros con una nueva bala en la recamara preparada para ser disparada a traición en el Boletín Oficial del Estado sin tiempo para digerir tales despropósitos; los ciudadanos ya no temen a nada que suene distinto ni a utilizar otros medios que siendo democráticos puedan traerles respiro a sus hogares.

 

Es tiempo de cambio, de volver a intentar que la sociedad española recupere el sitio que antes mantenía con orgullo en el continente y no esperar más a que nos lo devuelvan los que llevan tiempo llevándoselo poco a poco sin reparo en sus medidas. Pero también es tiempo de reflexión y de poner bien el oído para que no se nos escapen por la puerta de atrás los recursos que nos han prometido los nuevos protagonistas de la política en España. No podemos volver en el tiempo porque ya está escrito pero si podemos escribirlo sin miedo, colocando los acentos donde proceda y no gastando tinta inútil en mirar hacia esos años que nunca volverán como fueron pero si pueden llegar otros nuevos con los que subirnos al tren del progreso, del trabajo y ante todo lo digo, con la mayor educación, mandar a la mierda todo lo que suene a ideología añeja.  

Página 7 de 20

NG Anuncios Destacados


  1. ANUNCIOS DESTACADOS
  2. + PUBLICAR ANUNCIO VISIBLE EN TODO EL PERIÓDICO (20.000 visualizaciones / día)
Entrada no válida

Entrada no válida

Entrada no válida

Entrada no válida

Entrada no válida

JPG | PNG | GIF (MAX. 200X200px | 150Kb)


Entrada no válida

0,00 EUR


All CMS Templates